
(alfonso alquicira)
Misterios.
Y la pregunta sigue aquí.
Miles y miles de veces la deseche de mi mente con la sobriedad nata de mi cuerpo, con el calor de un recuerdo imposible de borrar.
Mire dos o tres veces el papel.
Yo lo había escrito?
O fue un lapsus de locura acrecentada como los que recibo diario por correo, pensando que el diario es cada tres meses.
Es que , esas letras tan llenas de verdad no pudieron salir de otra mano a menos que fuera la mía.
Pero yo no lo escribí.
Estoy casi seguro de que no fui... pero por que casi?
Por que no lo digo con la seguridad que me caracteriza, la que me da la fuerza para olvidarla, con la que salgo a la calle con manos atadas, sin pronunciar miradas.
Yo, pienso que tal vez...si acaso fuera mío ...
yo hice esto con la ansiedad de tomar un papel arrugado, si, igual a este,
y de buscar un lápiz desgastado, que se parezca a su dueño, que tenga el conocimiento de hacer bordes, llenar los espacios del alma...y ahora si tirarme en el suelo a acompañar a los demás .
A mis libros, sus fotos, mis fotos, el frío, el aire que se cuela por la puerta sin ser invitado.
¡Eso!, ¡invitado!
Eso fue lo que llegó hace una semana
.Llegó con el primer aire de la mañana, un día después de que se fue.
No se si eran mis ojos o a alguien se le había ocurrido llenarlos de lagrimas, de unas lagrimas tan pesadas como el calor que me faltaba en la sabana de mi cuerpo.
Sonó el timbre y de ahí no recuerdo nada mas.
Hasta hoy que despierto seco de tristeza, con montones de cajas retacadas de alegría.
Sin abrir.
Con la mirada a los cuatro puntos cardinales de mi ser
Tu ropa-sur.
El miedo-este
Ventana-norte
Puerta-oeste
¡Que aterradora es la puerta!.
Por ahí se fue y por ahí mismo llegó.
Las tazas de café tiradas, testigos del encuentro.
La sala con el brazo desgarrado.
El cajón vacío...solo rescataba tu reloj.
El reloj que nos daba la hora inexacta y nos pedía a gritos que resbaláramos entre sueños y nos abofeteaba en las mañanas cuando todo terminaba.
Con las manecillas muertas de tanto doler, de tanto sufrir con sus horas.
Solo quedan dos trozos de luna con que alimentarme.
Están agrios
Quiero abrazarlos pero tengo miedo que si lo intento se deshagan, se desmoronen y no me quede nada mas.
Ya no espero mas.
Iré a atender a mi nueva inquilina...
"Me falta el alma para aceptar que anteayer fue el acabose, que la soledad vino a verme como si fuera un domingo cualquiera, ¿que si la dejé pasar?, claro! la invité a entrar, le ofrecí un café, tu sabes, de esos que son tan amargos!, platicamos largo y tendido. Recargó sus codos en el brazo de la sala, si, de la sala de siempre...sabes?, fue horrible contarle que hoy encontré el cajón repleto de dudas y uno que otro trozo de luna despedazado por ahí...jajaja..se carcajeó en mi cara, me dijo que yo era el mismo tipo de siempre, que culpaba mis dolores a la planta que sembraste, que no iba a cambiar y que le dolía hacer eso... dio media vuelta y se instaló aquí...para siempre."